top of page

¿DE QUIÉN SON TUS SUEÑOS?(Spoiler: probablemente no son tuyos)






Antes de empezar, una confesión: yo también me quedo pegado al scroll. Todos nos quedamos. Eso es, precisamente, el problema.

Este texto tiene tres metáforas.
Tres formas de ver el mismo fenómeno. Al final, tú decides si te reconoces en alguna o en las tres.


-----------------------------------------------------------

EL FLAUTISTA DEL ALGORITMO

-----------------------------------------------------------

Había una vez un flautista muy, muy ocupado.


En el cuento original, el flautista de Hamelín era un tipo bastante sencillo: tocaba su melodía y los niños lo seguían felices hacia ningún lugar en particular. Drama antiguo, solución antigua.


Hoy el flautista tiene oficinas en California, cotiza en bolsa, y su melodía se llama algoritmo de recomendación. Ya no necesita que lo sigas a pie: te encuentra en el bolsillo, en la cama, en el baño -especialmente en el baño- y te toca exactamente lo que necesitas escuchar para seguir ahí quieto, consumiendo, creyendo que tú decidiste quedarte.


Guy Debord lo escribió en 1967, antes de que existiera internet, lo cual lo hace o muy visionario o muy perturbador: la vida moderna es una acumulación de espectáculos. No vivimos experiencias directas; consumimos la representación de vivir. Y lo que consumimos como "nuestro sueño" suele ser el sueño que alguien más diseñó, testó con grupos de enfoque, y optimizó para que se sienta como propio.


Noam Chomsky lo llamó "fabricar el consenso". Neil Postman advirtió que cuando el entretenimiento se convierte en el lente desde el cual lo vemos todo, dejamos de ver con los propios ojos. La industria del entretenimiento -con sede en Nueva York o Los Ángeles, producción en Seúl o Mumbai, distribución en absolutamente todos lados- no solo refleja deseos: los diseña, los empaqueta y los entrega con lazo. Y nosotros, agradecidos, los abrimos creyendo que eran nuestros.



No te lo digo con juicio. Yo también me quedo. Todos nos quedamos. Eso es, precisamente, el problema.



-----------------------------------------------------------

LA PANTALLA RESISTIVA

-----------------------------------------------------------


Una clase de tecnología que nadie pidió pero que todos necesitamos.


Voy a pedirte que aguantes dos párrafos de física de pantallas. Te prometo que vale la pena, y que no hay examen.


Hay dos tipos de pantallas táctiles que gobiernan nuestra vida digital. La pantalla capacitiva (la de tu teléfono) detecta tu dedo antes de que decidas tocar. Responde al mínimo roce. Es fluida, inmediata, adictivamente cómoda. También se activa sola con agua, con grasa, con cualquier conductor que se le acerque. El algoritmo, dicho sea de paso, es un conductor excelente.


La pantalla resistiva (la de los cajeros automáticos) es otra historia.

Está formada por dos capas conductoras separadas por un aislante. No responde a tu presencia. No reacciona a lo que roza. Solo funciona cuando tú decides presionar, las dos capas se tocan en el punto exacto que elegiste, y la computadora registra: aquí. Aquí fue la decisión.


Sí, los cajeros son lentos e incómodos comparados con tu smartphone. También son los únicos que esperan a que tú decidas antes de hacer algo. Piénsalo.



"Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder de elegir."

Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido (1946)


Ese espacio, en términos de física táctil, es el aislante. La capa que impide que cualquier estímulo externo te active sin tu permiso. Desarrollar ese aislante interior (esa pausa, esa conciencia, ese hábito de preguntarte ¿esto lo elegí yo?) no es filosofía de domingo. Es el acto más político y más libre que puedes hacer hoy.


PANTALLA RESISTIVA → CONCIENCIA

PANTALLA CAPACITIVA → CONSUMO REFLEJO

  • Dos capas con aislante de por medio

  • Solo responde si decides presionar

  • Requiere intención real

  • Tú eliges el punto exacto

  • No reacciona a roces accidentales

  • Te detecta antes de que decidas

  • Responde al mínimo contacto

  • Fluida, inmediata, adictiva

  • Los "toques falsos" generan reacciones

  • Sobreestimulación constante


-----------------------------------------------------------

EL SHOW Y QUIÉN PAGA LA FACTURA

-----------------------------------------------------------


El show es europeo y americano. La factura la pagamos todos los demás.


Aquí es donde la cosa se pone seria de verdad, y voy a pedirte que te sientes con esto un momento.


Las grandes empresas que producen los sueños globales (las plataformas de streaming, los estudios, las redes sociales, las franquicias culturales que dominan el imaginario colectivo) tienen algo en común: sus oficinas centrales están en un puñado de ciudades del norte global. Sus historias, sus estéticas, sus arquetipos del éxito y la felicidad, nacen ahí. Se distribuyen en todas partes.


La producción, claro, es otra conversación: animación en Corea, manufactura de dispositivos en China, call centers en Filipinas, Colombia, India y México, moderación de contenido en Kenia. El trabajo de hacer el espectáculo está repartido globalmente. La propiedad del espectáculo, no tanto.



No es una teoría conspirativa. Es un modelo de negocio.



Cuando las mismas tres o cuatro corporaciones controlan qué historias se cuentan, qué cuerpos son deseables, qué tipo de vida vale la pena aspirar, qué significa el éxito (y lo hacen en un planeta donde miles de millones de personas no tienen ni el tiempo ni los recursos para construir una narrativa alternativa) no estamos hablando solo de gustos culturales. Estamos hablando de la colonización sistemática del imaginario.


Si un niño en Jalisco, en Yakarta, en Lagos o en Cochabamba crece consumiendo únicamente los sueños que alguien más empaquetó para él (y no tiene acceso a los recursos, el tiempo, ni los referentes para imaginar algo distinto) ¿qué sueña ese niño? ¿Sus propios sueños, o los del catálogo disponible?


El filósofo peruano Aníbal Quijano llamó a esto la "colonialidad del poder": no necesitas ejércitos para colonizar a alguien si ya colonizaste su imaginario.



"Si los que hacen el show siguen siendo siempre los mismos, llegará el día en que ya nadie recuerde que había otras canciones posibles."

Moisés López aka Moiloh




-----------------------------------------------------------

LA METANFETAMINA CULTURAL

-----------------------------------------------------------


Tres instrumentos, una misma partitura


Llegamos a la tercera metáfora. Y esta es la más incómoda, porque tiene nombre científico.


La metanfetamina no es sutil. Libera hasta diez veces más dopamina que cualquier recompensa natural: comer, abrazar a alguien, terminar algo que empezaste. El efecto es tan desproporcionado que el cerebro no sabe qué hacer con él. No existe mecanismo de saciedad. El circuito del deseo queda secuestrado y la persona quiere siempre más, nunca es suficiente.


Con el tiempo, el cerebro aprende a priorizar esa fuente de estimulación por encima de todo lo demás. La corteza prefrontal (donde vive el pensamiento crítico, la planificación a largo plazo, la capacidad de imaginar un futuro diferente) pierde terreno frente al circuito de recompensa inmediata.


En otras palabras: la droga no solo te da placer. Te roba la capacidad de soñar con otra cosa.



Guarda eso en mente un momento.


-----------------------------------------------------------

Las plataformas no son adictivas por accidente


Aquí viene la parte incómoda.


Las redes sociales no son adictivas por accidente, sino por diseño. La arquitectura de estas plataformas está meticulosamente construida para maximizar la retención mediante la estimulación constante del circuito dopaminérgico. Notificación. Like. Video sorpresivo. Pequeño pico de recompensa. Tolerancia. Más. Scroll. Repetir.


Los mecanismos son los mismos que los de cualquier sustancia adictiva, solo que empaquetados en interfaz de usuario. Investigadores de Stanford han señalado que el smartphone opera como una "jeringuilla" de una generación, donde la droga son las luces brillantes, los colores llamativos y las notificaciones constantes.


Y lo más importante: los algoritmos optimizados para el engagement priorizan contenido emocionalmente activante. El miedo. La indignación. La urgencia. Todo aquello que mantiene la amígdala encendida y la corteza prefrontal en segundo plano.


Un cerebro con miedo crónico no sueña. Sobrevive. Y alguien que solo sobrevive es infinitamente más fácil de dirigir que alguien que imagina.



Ya sea a través de una sustancia química, de una plataforma diseñada con precisión neurocientífica, o de una estrategia mediática basada en el miedo, el resultado neurológico es análogo: la corteza prefrontal (donde vive la capacidad de soñar) queda subordinada al circuito de recompensa y amenaza. La persona sigue funcionando. Trabaja, consume, publica. Pero sus sueños ya no son suyos.


Y lo más elegante del mecanismo (elegante en el sentido maquiavélico) es que el sujeto no lo siente como control. Lo siente como libertad. Como elección. Como que simplemente le gustan estas cosas.


Igual que el flautista.

Igual que la pantalla capacitiva que se activa sola.



-----------------------------------------------------------

LO QUE ESTÁ EN JUEGO

-----------------------------------------------------------Cuando el daño no es solo individual


Si esto fuera solo un problema personal (tú con tu teléfono, yo con el mío) ya sería grave. Pero la escala lo convierte en algo diferente.


Piensa en esto: las mismas corporaciones que diseñan las plataformas con esa arquitectura dopaminérgica también producen el entretenimiento, los noticieros, los algoritmos que deciden qué información existe y qué información desaparece. Y lo hacen desde unas pocas ciudades del norte global, con producción tercerizada a Asia, y distribución a absolutamente todo el planeta.


¿Qué le pasa a un niño en un país donde la realidad cotidiana ya es suficientemente difícil como para dejar poco espacio al sueño... y el único acceso que tiene a la imaginación es ese catálogo dopaminérgico importado? No solo no sueña lo suyo. Pierde progresivamente la capacidad neurológica de soñar diferente.


Porque un cerebro entrenado durante años en el ciclo incentivo-recompensa-tolerancia-más incentivo, tarda mucho en aprender a generar motivación desde adentro: desde crear, desde contemplar, desde querer algo que nadie le puso enfrente.


El cerebro aprende lo que practica.



"No hace falta prohibir los sueños. Basta con ocupar el espacio donde nacen."



-----------------------------------------------------------

EL CIERRE

-----------------------------------------------------------

Entonces, ¿qué hacemos?


No lo sé con certeza. Nadie lo sabe con certeza, y desconfía de quien te diga que sí.


Pero la neurociencia ofrece algo más que diagnóstico: también ofrece esperanza. Los circuitos de recompensa pueden recalibrarse. La corteza prefrontal puede recuperar terreno. El cerebro puede desaprender la dependencia al estímulo externo y volver a encontrar placer en las cosas lentas, profundas, irreducibles a un algoritmo.


Pero eso requiere exactamente lo que hemos estado hablando: la pausa. El aislante. La decisión consciente de presionar, no de dejarse rozar. El hábito de preguntarse: ¿esto lo elegí yo, o me lo pusieron?


El flautista seguirá tocando. Las pantallas capacitivas seguirán respondiendo a cualquier roce. La arquitectura dopaminérgica seguirá perfeccionándose. Y mientras las corporaciones que hacen el show sigan siendo las mismas, el catálogo de sueños disponibles seguirá siendo estrecho, colonizado, optimizado para el engagement.


Pero mientras haya alguien (aquí, en Jalisco, en Lagos, en Yakarta, en cualquier lugar donde el margen para soñar sea pequeño) que se detenga, que respire, que ponga el aislante entre el estímulo y la respuesta... hay algo que ningún algoritmo puede optimizar del todo.


La capacidad humana de imaginar diferente.


Eso, y solo eso, es lo que nos salva. Y es (no casualmente) exactamente lo más difícil de monetizar.


Este texto no es un manifiesto contra la tecnología ni un llamado al desenchufe total. Es una invitación a recuperar el único espacio que nadie más puede ocupar si tú no lo abandonas: el espacio entre lo que te llega y lo que decides hacer con ello.

Ese espacio es tuyo. Cuídalo.



Con cariño.

Moisés López aka Moiloh.



-----------------------------------------------------------

REFERENCIAS Y LECTURAS RECOMENDADAS

-----------------------------------------------------------


  • Guy Debord, La sociedad del espectáculo (1967)

  • Noam Chomsky & Edward Herman, Manufacturing Consent (1988)

  • Neil Postman, Amusing Ourselves to Death (1985)

  • Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido (1946)

  • Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio (2010) / En el enjambre (2013)

  • Aníbal Quijano, Colonialidad del poder (2000)

  • Anna Lembke, Dopamine Nation (2021)

  • Thich Nhat Hanh, El milagro de mindfulness (1975)

  • Marco Aurelio, Meditaciones (s. II d.C.)

  • José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas (1929)

  • Tradición andina del Sumak Kawsay (Buen Vivir)

  • NIDA - National Institute on Drug Abuse: nida.nih.gov


1 comentario


La verdadera rebeldía hoy es simple: hacer pausa y decidir.


Gran texto, de esos que disfrutas leer y te dejan pensando.

Me gusta

©2024 por Talamo by Moiloh. Creado con Wix.com

TALAMO BY MOILOH

bottom of page