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UNA CARTA A UN ROBOT EN EL FUTURO

La deshumanización del humano, la humanización de las máquinas.

Hace tiempo se me ocurrió algo para escribirle a Arturo, mi sobrino: un cuentito titulado "Una carta a un robot en el futuro". Mi cabeza empezó a volar y cientos de temas y preguntas empezaron a surgir, entre ellas las siguientes:

¿Cuán condicionado está el ser humano para ser humano y bajo qué variables un humano se considera humano?

Si la experiencia humana incluye la prueba y el error en el proceso de aprendizaje, ¿por qué siempre se espera la optimización perfecta en el trabajo?

¿Estamos viviendo tiempos donde se glorifica el dinero porque dependemos 100% de su función?
Si la experiencia humana recae en procesos cognitivos, físicos, sociales, biológicos, químicos, narrativas históricas y políticas, ¿cómo es posible que enseñemos a un robot a interpretar todas estas variables que dependen del momento y posición geográfica y temporal de la persona que las interpreta?

¿No es un tanto contradictorio que todas las variables mencionadas, y la infinitud que nos faltan para definir la experiencia humana, creen fórmulas complejas en un sistema donde el trabajo pide siempre la interpretación simplista de la recompensa?

Muchas veces he creído que no hay nada más antinatural que el propio humano, y cuando mi pensamiento se pone un tanto "conspiranoico", a veces creo que el ser humano, a través del tiempo y de procesos físicos, metafísicos, biológicos y sobre todo imaginativos, se ha creado a sí mismo.

Entramos a la era de la información desde los años veinte, un siglo ya inmersos en una realidad donde la comprensión de la misma está influenciada por el razonamiento computacional, el acceso a internet, la interpretación de la informática, los avances de la física cuántica y su aplicación en el mundo real, y mientras tanto, la persuasión sistemática sobre lo que "es mejor" o "es bueno". El vicio como centro del torbellino, vicios normalizados tanto personales como sociales.

Bienvenidos a la era no de la información sino a la era de la hiperrealidad: una época donde pantallas sobran, genuinidad falta, se incentiva el exterior, se ignora la intención, se reduce a un pensamiento racional de tres dimensiones lo que viene de mayores dimensiones. La falta de imaginación, de valor y de autenticidad ha convertido a los países en ciudades hipnotizadas por ideas extranjeras, no para la inspiración e interpretación de ellas, ni para la creación propia, sino para la réplica de las mismas: réplicas sin fondo, sin valor, basadas únicamente en su utilidad. Los objetivos empresariales glorifican el número, maquinizan la experiencia humana, forzando a quienes tienen menor capacidad cognitiva a mantenerse dentro del mismo molde.

Este análisis personal no lo comparto con la intención de que las personas piensen como yo, sino de que se atrevan a cuestionar. Me fascina el símbolo de la pregunta "¿?"; son visualmente como ganchos o como una hoz. Las preguntas nos permiten expandir nuestra realidad, con la consecuencia de que esta expansión depende de una fractura de lo que concebimos real en el momento. Mientras que los sistemas de mercado sigan ciclando en la nostalgia, porque es más fácil controlar y obtener beneficio de su consecuencia, viviremos en un loop infinito fluctuando entre los ochenta y los dos mil. Quien se atreva a dar el siguiente paso, podrá entrar a la siguiente etapa: una donde el "bien" de manera pura esté por arriba de la recompensa y el placer.

Recordemos siempre las 4 reglas del juego:
• Bueno
• Indulgente
• Reactivo
• Claro

Reglas que no solamente nos ayudan a avanzar a realidades óptimas y mejores, y que son más antiguas incluso que la filosofía cristiana tradicional.


Con cariño y mucha cuestión.
Moisés López aka Moiloh
Artista, pintor, Lic. en Marketing.

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